Aseguran que los nuevos procedimientos no evitan el sufrimiento de los animales.

Ayer comenzó la caza de focas en el este de Canadá, con un nuevo
método de matanza que, según las organizaciones de defensa de
los animales, no cambia en nada la crueldad de esta masacre anual. Varios países
de Europa han puesto límites a la importación de productos derivados
de la foca, y la Unión Europea estudia prohibirlos.
El Ministerio de Pesca autorizó este año la matanza de 275.000
focas arpa, 5.000 más que la cuota de 2007. La primera etapa se concreta
en el golfo San Lorenzo, donde debe cazarse el 30% del cupo total. El 70% restante
se cazará en aguas frente a la isla de Terranova, en una segunda etapa
que se iniciará dentro de varias semanas.
Las autoridades anunciaron la puesta en marcha de un nuevo procedimiento para
la cacería, con la pretendida finalidad de limitar el sufrimiento de
los animales y, en especial, para asegurarse de que estén muertos antes
de ser desollados. Los cazadores deberán garantizar su muerte a través
de tres pruebas diferentes antes de comenzar a despellejarlos: controlar si
tienen el reflejo de parpadear, ver si está destruido el cráneo,
y cortar una arteria para que se desangren.
"Las nuevas reglamentaciones no harán la caza más humana.
Las reglas que existían hasta ahora apenas eran tenidas en cuenta —señaló
Ralf Sonntag, experto en focas del Fondo Internacional para la Protección
de los Animales y su Hábitat (IFAW)—. Además, los tests
deben realizarse justo antes de despellejar al animal, no directamente después
de golpearlo. Por lo tanto, seguirán llevándose animales vivos
con ganchos de acero a los lugares donde juntan a todos los animales".
El IFAW tiene un equipo en el lugar para documentar la caza. Robbie Marsland,
director de la ONG, consideró que los retoques a la reglamentación
"están claramente concebidos para engañar al mundo y hacerle
creer que esta caza, cruel por naturaleza, puede ser más humana; y eso,
para impedir el embargo de los productos derivados de las focas, que analiza
actualmente la Comisión Europea".
Los cazadores utilizan un garrote de madera llamado hakapik para golpearlas
en la cabeza. Los veterinarios del Ministerio de Pesca canadiense consideran
que el impacto es suficiente para romper el cráneo de la foca y matarla,
y aseguran que al menos un 98% de las focas mueren antes de ser desolladas.
Pero un estudio de IFAW afirma que en 2007, hasta un 42 % de las focas "probablemente
estaban conscientes cuando fueron despellejadas".

Fuente: Clarín

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