Naciones Unidas pronostica la ruina de la especie y del planeta. Un nuevo informe advierte que la sexta extición masiva de especies puede estar a las puertas, si no se supedita todo a la sostenibilidad ecológica de aquí al año 2050.
No hay crisis medioambiental. No hay crisis de desarrollo económico.
No hay crisis energética. Son tres cabezas de la misma hidra, de una
sola gran crisis que lo explica todo. Hay una crisis de Humanidad. Un suicidio
masivo que era lento empieza a acelerarse vertiginosamente, avisa el último
estudio del Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas (UNEP, por sus
siglas en inglés).
En 1987 apareció el informe Bruntland sobre el futuro común del
planeta. Veinte años después la ONU lanza este Geo-4, que llena
572 páginas. Han tenido participación directa en él 390
científicos. Los que han participado indirectamente son más de
1.000. Y sus conclusiones son para echarse a llorar: no sólo no se han
cumplido las expectativas de respuesta a los problemas de hace veinte años,
sino que aquellos propósitos ya están peor que obsoletos. Es como
si hubiéramos pasado de tener dolor de cabeza a cáncer antes de
aprender ni siquiera a abrir el tubo de aspirinas.
En la presentación pública del informe de la UNEP, el secretario
general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, advirtió de que esta situación
«compromete décadas de avances de la Humanidad, mina los cimientos
de la lucha contra la pobreza y podría llegar a poner en peligro la paz
internacional y la seguridad».
Voracidad económica
La alerta más destacada es que la Humanidad vive por encima de sus posibilidades
y de las del planeta. El hambre en el mundo dejará de ser pronto una
injusticia para ser algo que ninguna revolución podría resolver.
Ya son muchas las muertes evitables por falta de recursos como el agua. Y pueden
llegar a ser muchas más.
Hacen falta 21,9 hectáreas para producir los recursos necesarios para
las necesidades de una sola persona. Al ritmo actual de crecimiento demográfico,
la Tierra puede ofrecer 15,7 hectáreas por persona. Ante ello las personas
no sólo no nos apretamos el cinturón, sino que aún despilfarramos
más los recursos. Las cuentas no salen, ni pueden salir de ningún
modo.
El agua es un punto particularmente crítico. El 70 por ciento de la que
se usa es para regar, pero resulta que los Objetivos del Milenio de la misma
ONU exigen doblar la producción de alimentos de aquí a 2050. ¿De
dónde va a salir el agua, si ahora ya escasea, y en 2025 su uso sólo
para beber habrá crecido un 50 por ciento en los países desarrollados,
y un 18 por ciento en los que están en vías de desarrollo?
Agua, poca y contaminada
La UNEP advierte que la escasez de agua potable pronto será «intolerable»
en los países secos, como es el caso de España. ¿Llegaremos
a hacer la guerra no por el petróleo sino por el agua? Claro que mucho
antes de sufrir la carencia del recurso habrá que acostumbrarse a que
su sabor y su calidad desciendan en picado. El agua contaminada supone ya hoy
la primera causa de enfermedad y de muerte en el mundo.
Hay muchas especies amenazadas de extinción, a una velocidad cien veces
más rápida de lo normal. Los niveles de pesca casi triplican lo
sostenible para seguir garantizando que haya peces en los océanos. Está
amenazada la continuidad del 30% de los anfibios, el 23% de los mamíferos
y el 12% de las aves. Una de las razones es el intrusismo entre especies, a
veces provocado accidentalmente por la globalización, a veces determinado
por la acción del hombre, ya sea como supremo agente contaminante, ya
sea como supremo predador de los ecosistemas.
Ésta es la primera vez que la UNEP desglosa para las distintas regiones
del mundo sus previsiones de impacto negativo del cambio climático. En
Europa dibuja un escenario dantesco de hiperproducción e hiperconsumo.
Las consecuencias son un gasto energético delirante y el colapso de las
grandes ciudades por los problemas de transporte y por el rápido deterioro
de la calidad del aire.
En África el reto más dramático sigue siendo cómo
dar de comer a la gente. La producción de comida per cápita ha
descendido un 12% desde el año 1981, cuando ya estaba muy lejos del ideal.
La degradación y desertización de la tierra cultivable avanzan
a un ritmo galopante y descorazonador.
Ciudades irrespirables
La zona de Asia y el Pacífico tiene que prepararse para hacer frente
a metrópolis cada vez más irrespirables y al dramatismo en la
falta de agua y de tierra. La degradación de los ecosistemas es ahí
especialmente rápida en concordancia con un desarrollo industrial y tecnológico
tardío pero brutal, y que no atiende a razones.
Toda la América latina y el Caribe se consideran especialmente vulnerables
a los efectos del calentamiento global, particularmente la degradación
de las costas y la polución marina. También hay muchas amenazas
para la biodiversidad derivadas del efecto explosivo de los gases invernadero
y del crecimiento ingobernable de las megalópolis.
En las zonas polares la factura del cambio climático será estremecedora:
sin necesidad de llegar a la temida fusión de los polos, la salud de
sus pobladores ya está muy amenazada por la alta concentración
de mercurio y otras sustancias contaminantes en el entorno del que obtienen
toda su alimentación. Mientras que el agujero de la capa de ozono necesitará
no menos de cincuenta años para recuperarse.
El informe traza hasta cuatro posibles escenarios de aquí a 2050. La
conclusión es que, o se prioriza de una vez la sostenibilidad, sea cual
sea el coste en términos de crecimiento económico, o habrá
que atenerse a las consecuencias: la Tierra ha experimentado cinco extinciones
masivas de especies en 450 millones de años. La última fue hace
65 millones de años. La sexta puede estar a la vuelta de la esquina.
Fuente: ABC.es
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